Historia

Como tantos empresarios alicantinos “el tío cotorra” empezó como heladero. A principios del siglo XX en este país faltaba prácticamente de todo y el helado era algo exótico y festivo. La proximidad de la sierra con sus neveros naturales – grandes canteras de hielo – propició el nacimiento de toda una industria: la heladera.

El abuelo de los hermanos Mariel vió dónde estaba el negocio y partió a varios lugares de España. La actividad prosperó hasta que, como tantas otras, la guerra civil vino a dar al traste con su actividad.

La guerra hizo desaparecer la industria heladera y el abuelo decidió volver a su ciudad natal, Ibi, y cambiar de actividad, a un producto menos exótico pero en ese momento, mucho más necesario: el pan. Y evidentemente, como fabricantes. Porque lo importante era fabricar. La venta se realizaba a domicilio con el “taulell al cap” y pregonanado “pa blanquet”,en ella interviene Mariu, madre de los hermanos Mariel y verdadera artífice del cambio generacional, con ella al frente es cuando la panadería empieza a despegar con el despacho central y con la elaboración de madalenas, cocas y demás especialidades , sus sistemas de venta aún sirven después de tantos años, es la que ha inculcado el espíritu de la panadería a sus hijos.

En ese momento, la premisa era cierta. En una sociedad hambrienta, el pan era un bien de primera necesidad. Dominar la producción era lo importante, pues la venta estaba más que garantizada. Pero de eso ya hace 70 años.

Hoy el panorama ha cambiado. Y la familia Mariel ha sabido cambiar con él. Los cuatro hermanos Mariel –Emilio, Salvador, César y Carlos – herederos de ese negocio nacido después de la guerra, tomaron las riendas del mismo hace 20 años. Y en ese momento, asumiendo lo que era un riesgo considerable, sobre todo en la década de los 80, rompieron con su tradición de fabricación y se convirtieron en vendedores, comercializadores; en una palabra, decidieron que lo importante era dominar el canal de distribución.

Porque ser fabricante era sin duda la mejor opción en la España de la escasez, pero el mercado de los 80 empezaba a convertirse en un mercado de demanda, mercado en el que hay más oferta que clientes, mercado en el que el cliente puede escoger.

Y Carlos, responsable de la gestión de la compañía, Salvador, al frente de la producción de pan y César, al frente de los sistemas internos y de la pastelería,junto con Emilio en contabilidad, tuvieron claro desde el primer momento que con el tiempo sus clientes externos (tiendas de comestibles, panaderos de reventa, pequeños supermercados, etc.) ejercerían mayor presión sobre ellos, para obtener mejores precios, servicio de entrega en continuo y facilidades de pago mayores.

Los fabricantes pasarían entonces a un segundo plano, como ocurre en otros sectores donde potentes enseñas de fabricación, ya sean en alimentación, mobiliario u ocio, se pliegan a las condiciones de las grandes cadenas de distribución, como Carrefour, Ikea, Fnac, etc.

Visto esto, la decisión de los hermanos Mariel fue clara. Apostaron por una red de tiendas propias. Una red construida para atender a las necesidades del cliente final.

Y puestos a crear una nueva actividad decidieron hacerlo de forma meditada. Decidieron hacerlo bien. Entendieron que una tienda debe ser de entrada un buen reclamo, un polo de atracción para potenciales clientes. Por esta razón nuestros empresarios pusieron mucho empeño en encontrar los locales mejor situados, con más tráfico de clientes. Además cuidaron todos los aspectos externos de la tienda, el rótulo con la marca, la fachada, la cartelería, etc con la idea de seducir al cliente en todo momento. También destinaron tiempo a diseñar el espacio interior, para garantizar un acto compra cómodo, cuidando aspectos como una buena exposición de producto, la iluminación, la temperatura, etc.

Y finalmente cuidaron, y siguen cuidando, por encima de todo, la calidad de su equipo humano. Porque el acto de comprar en una panadería no es como comprar en un supermercado. El trato humano es un valor en alza en un mundo en que la compra se ha convertido cada vez más en un acto impersonal, frío y solitario. Los hermanos Mariel lo saben y cada día sus colaboradoras y colaboradores venden miles de barras de pan pero, sobre todo, regalan miles de sonrisas.

Durante 20 años trabajo e ilusión se han combinado sabiamente para dar un buen resultado. Porque tanto el trabajo como la ilusión reforzaban lo que ya inicialmente era un buen proyecto, sustentado en un magnífico equipo humano, formado, motivado, apoyado y que siente de manera muy clara los colores de la empresa. Y es que los secretos de un proyecto de éxito son, en general, sencillos.

La decisión estratégica de tomar el control de la comercialización creando una red propia de tiendas les ha comportado ventajas muy claras:

- Se reduce drásticamente el riesgo. Dejaron de depender de esos clientes externos y su fábrica trabaja para un cliente seguro. El producto se cobra al contado.

- Aumenta el control de la calidad final a cliente. Ahora pueden garantizar que su producto llega a cliente final en unas condiciones óptimas.

- Poseen mucha información sobre el cliente final: El contacto diario con miles de clientes permite a Carlos y su equipo conocer sus necesidades y mejorar o desarrollar nuevos productos y servicios.

- Mejora el margen: La actividad de minorista –tienda- es siempre la que mayor margen aporta en mercados de demanda.

En el año 2005 la empresa tuvo la excelente oportunidad de ampliar su red de tiendas con la adquisición en bloque de 15 Nuevas tiendas. Las tiendas formaban parte de una antigua panificadora que había agotado ya su empuje empresarial y buscaba quien retomara y dotara de nuevo impulso a sus tiendas.

Carlos y sus hermanos no se lo pensaron dos veces, saben –como sabían los antiguos fenicios- que quien domina el mercado domina el mundo y se lanzaron al reto de integrar y renovar esta red de antiguos despachos de pan.

El año 2006 es un año de fuerte crecimiento, con toda la red de ventas empujando a buen ritmo la empresa debe ahora invertir en su faceta de fabricante. Mariel necesita como el agua la garantía de producción, regularidad y coste que solo una pequeña planta productiva puede facilitar. Se han puesto en marcha, y ya están construyendo una nave que albergará las futuras instalaciones para dar relevo a los antiguos y cansados obradores semiartesanos.

Quizá los lectores dirán que finalmente hemos acabado fabricando otra vez. Se lo pregunté a Carlos, y me dijo que efectivamente estaban volviendo a la estrategia del “tio cotorra” pero que esta vez los clientes estaban mucho más asegurados, eran sus propias tiendas!!

Y los resultados indican que la decisión fue buena. Hoy Mariel es un Líder Local y sustenta su éxito sobre una base de tiendas propias y próximamente sobre la base de unas excelentes instalaciones productivas.

Tuvieron claro una cosa, que había que producir como las grandes empresas de panificación, pero con un producto exclusivo, el pan como se hacía antes y el éxito de la demanda de este tipo de pan cada día es mayor, con respecto al pan común, más especialidades, más panes con reposo, con levadura natural, y esto elaborado con las mejores harinas, tanto españolas como extranjeras, ya que importan harinas de Italia de altísima calidad. Una premisa nos dice Carlos, tenemos que dejar de ser mezcladores de harinas y pasar a recuperar nuestra profesión de Panaderos artesanos o morir en el intento.